Crec que entendríem més coses de la filosofía si estudiéssim més atentament la història del seu ensenyament i la forma com ha estat transmesa, comunicada, construida, practicada en diferents èpoques històriques.
Els estudis de Pierre Hadot sobre la filosofia antiga ofereixen moltes pistes interessants. Serveixi aquest text d’exemple.
TEXT
Pierre Hadot
LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA EN LA ÉPOCA ANTIGUA
(extret de Pierre Hadot, ¿Qué es la filosofía antigua?, Fondo de cultura económica, 1998)

[La enseñanza de la filosofía durante la época clásica y helenística]
“En los métodos de enseñanza se observan identidades y diferencias [entre las diferentes escuelas filosóficas de la Antigüedad]. Como acabamos de decirlo, en las tres escuelas que se vinculan con la tradición socrática, el platonismo, el aristotelismo y el estoicismo, la enseñanza siempre tiene, a pesar de la transformación de las condiciones políticas, la doble finalidad que tenía en la época de Platón y de Aristóteles: formar, directa o indirectamente, ciudadanos, más aún, si es posible, dirigentes políticos, pero también formar filósofos. (…) Bajo la influencia de esta doble finalidad, la enseñanza tiende a adquirir siempre una forma dialogada y dialéctica, es decir, a conservar sin cesar, aun en las exposiciones magistrales, la apariencia de un diálogo, de una sucesión de preguntas y respuestas lo que supone una relación constante, por lo menos virtual, con los individuos específicos a quienes se dirige el discurso del filósofo.
Hacer una pregunta, llamada “tesis” (“¿es un mal la muerte?”, “¿es el placer el bien supremo?”, por ejemplo), y discutirla: tal es el esquema fundamental de toda enseñanza filosófica en esa época. Esta particularidad la distingue radicalmente de la enseñanza predilecta de la siguiente época, es decir la época imperial, a partir del siglo I y sobre todo del II d.C., cuando la tarea del maestro será comentar textos. Veremos las razones históricas de este cambio. Permítasenos por el momento citar un texto de esta época más tardía, la de los comentadores, texto escrito en el siglo II d.C. por el aristotélico Alejandro de Afrodisia (Alejandro de Afrodisía, In Aristotelis Topica comment., pp. 27, 13 Wallies, en CAG, t. n, 2, Berlín, 1891) en su comentario de los Tópicos de Aristóteles y que describe bien la diferencia entre la discusión de las tesis, método de enseñanza propio de la época que estudiamos, y el comentario, perteneciente a la siguiente época:
“Esta forma de discurso [la discusión de las “tesis”] era habitual entre los antiguos, y de esta manera impartían sus clases, no comentando libros como sucede ahora (en efecto, en esa época, no había libros de ese tipo), sino, habiendo sido planteada una tesis, argumentaban en favor o en contra, para ejercitar su facultad de inventar argumentaciones, apoyándose en premisas admitidas por todo el mundo. “
(…)
[La transformación de la enseñanza de la filosofía durante la época imperial]
Durante el periodo helenístico y a principios de la conquista romana, las instituciones escolares filosóficas se concentraban, como ya hemos visto, sobre todo en Atenas. A partir del siglo I a.C. se empiezan a abrir escuelas filosóficas en numerosas ciudades del Imperio romano, en particular en Asia y sobre todo en Alejandría o en Roma, (Cf J. P. Lynch, Aristotle’s School, pp. 1 54-207; J. Glucker, Antiochus and the Late Academy, pp. 373-397.) lo que da por resultado una profunda transformación de los métodos de enseñanza de la filosofía. (…)
La enseñanza de las doctrinas filosóficas ya no se imparte en las instituciones escolares que habían conservado una continuidad con su fundador. En cada ciudad importante existen instituciones en las que se puede aprender lo que es el platonismo o el aristotelismo o el estoicismo o el epicureísmo. Se asiste a la terminación de un proceso que había empezado a esbozarse desde fines de la época helenística: la funcionarización (fonctionnarisation) de la enseñanza de la filosofía (…).
En la época imperial tiende a generalizarse cada vez más la enseñanza filosófica municipal retribuida por las ciudades. Este movimiento llega a su apogeo y a su consagración cuando el emperador Marco Aurelio funda en 176 d.C. cuatro cátedras imperiales, pagadas por el tesoro imperial, que enseñarán las cuatro doctrinas tradicionales: platonismo, aristotelismo, epicureísmo, estoicismo. (…)
Al lado de estos funcionarios municipales o imperiales, siempre habrá profesores de filosofía privados que abrirán una escuela, a veces sin sucesor, en tal o cual ciudad del Imperio, por ejemplo Amonio Sacas en Alejandría, Plotino en Roma, Jámblico en Siria (…)
En su mayoría, estas múltiples escuelas ya no conservan una continuidad viviente con los grandes antepasados: sus bibliotecas ya no disponen de los textos de las lecciones y de las discusiones de los diferentes jefes de escuelas que no eran comunicados más que a los adeptos, y ya no existe el eslabonamiento ininterrumpido de los jefes de escuela.

Ahora habrá que volver a las fuentes. En lo sucesivo, la enseñanza consistirá en explicar los textos de las “autoridades”, por ejemplo los diálogos de Platón, los tratados de Aristóteles, las obras de Crisipo y de sus sucesores. En la época anterior, la actividad escolar consistía ante todo en habituar a los alumnos a métodos de pensamiento y de argumentación, y muy a menudo los miembros importantes de la escuela tenían opiniones muy diferentes; en esta época se vuelve esencial la enseñanza de una ortodoxia de escuela. La libertad de discusión, que seguirá existiendo, es mucho más limitada. Las razones de esta transformación son múltiples. En primer lugar, los académicos, como Arcesilao o Carneades, y los escépticos habían consagrado la mayor parte de su enseñanza a criticar las ideas, pero asimismo, a menudo, los textos de las escuelas dogmáticas. La discusión de un texto se había vuelto entonces parte de la enseñanza. Por otro lado, con la perspectiva de los siglos, a los aprendices de filósofo se les dificultó comprender los textos de los fundadores de las escuelas, y, sobre todo, y habremos de volverlo a decir, en lo sucesivo se concebía como verdad la fidelidad a la tradición procedente de las “autoridades”.
En esta atmósfera escolar y profesoral, a menudo se tenderá a satisfacerse con un conocimiento de los dogmas de las cuatro grandes escuelas [platonismo, aristotelismo, estoicismo, epicureísmo], sin preocuparse por adquirir una verdadera formación personal. Los aprendices de filósofo a menudo se inclinaban a interesarse más en el perfeccionamiento de su cultura general que en la elección de vida existencial que supone la filosofía. (…)
Los métodos de enseñanza: la era del comentario
Disponemos de numerosos testimonios que nos revelan este cambio radical en la manera de enseñar, que, al parecer, debió empezar a esbozarse ya desde finales del siglo II a.C.: por ejemplo, sabemos que Craso, un hombre de Estado romano, leyó en Atenas en 1 1 0 a.C. el Gorgias de Platón bajo la dirección del filósofo académico Charmidas (Cicerón, De oratore, I, 11, 47). Además es necesario precisar que el género literario del comentario filosófico era muy antiguo. El platónico Crantor había elaborado, aproximadamente en 300 a.C., un comentario acerca del Timeo de Platón (Cf Proclo, Comentario sobre el Timeo, t. 1, p. 76, 1 Diehl, trad. Festugiere, t. 1, p. 1 1 1). El cambio radical que se lleva a cabo poco más o menos en el siglo I a.C. consiste de hecho en que, en lo sucesivo, es la enseñanza misma de la filosofía la que, esencialmente, adquiere la forma de un comentario de texto. (…)

Muchos otros testimonios nos confirman el hecho de que, en lo sucesivo, el curso de filosofía se consagra ante todo a la lectura y a la exégesis de los textos. Por ejemplo, los alumnos de Epicteto el estoico comentan a Crisipo (Epicteto, Manual, § 48; referencias a comentarios de textos durante el curso, Coloquios, 1, 10, 8; 1, 26, 13.). En los cursos del neoplatónico Plotino, la lección se inicia por la lectura de los comentadores de Aristóteles y de Platón, y luego Plotino propone a su vez su exégesis del texto comentado (Porfirio, Vida de Plotino, 14, 10, en Porfirio, Vida de Plotino, t. II, trad. Y comentario por L. Brisson y otros, París, 1992, p. 1 55, y el estudio de M.-O. Goulet-Cazé, t. 1, pp. 262-264.).
Durante el periodo anterior, la enseñanza se situaba casi por completo en la esfera de lo oral: maestro y discípulo dialogaban; el filósofo hablaba, los discípulos hablaban y practicaban para hacerlo. Se puede decir que en cierta manera se aprendía a vivir aprendiendo a hablar. En lo sucesivo, se aprende la filosofía por medio de la lectura de los textos, pero no se trata de una lectura solitaria: los cursos de filosofía consisten en ejercicios orales de explicación de los textos escritos. Pero, hecho muy característico, en su casi totalidad, las obras filosóficas, sobre todo a partir del siglo III d.C., consisten en poner por escrito, ya sea el maestro, ya un discípulo, un comentario oral del texto, o bien, por lo menos, como muchos tratados de Plotino, disertaciones sobre “cuestiones” planteadas por el texto de Platón.
En lo sucesivo, ya no se discuten los problemas mismos, ya no se habla directamente de las cosas, sino de lo que Platón o Aristóteles o Crisipo dicen de los problemas y de las cosas. La pregunta “¿Es eterno el mundo?” es sustituida por la pregunta exegética “¿Puede admitirse que Platón considere eterno el mundo, si admite un Artesano del mundo en el Timeo?”. En realidad, al abordar esta pregunta hecha a modo exegético, se discutirá finalmente la cuestión de fondo, al hacer decir a los textos platónicos o aristotélicos o a otros lo que se desearía que dijesen.
En lo sucesivo, lo esencial es tomar siempre como punto de partida un texto. M.-D. Chenu (M.-O. Chenu, Introduction a l’étude de saint Thomas d’Aquin , París, Vrin, 1954, p. 55.) definió en forma excelente la escolástica de la Edad Media como una “forma racional de pensamiento que se elabora de manera consciente y voluntaria a partir de un texto al que se considera como autoridad”. Si se acepta esta definición, se puede decir que, a partir del siglo I a.C., el discurso filosófico empieza a transformarse en una escolástica y que la escolástica de la Edad Media será su heredera. Ya vislumbramos que desde cierto punto de vista, esta época es testigo del nacimiento de la era de los profesores.

También es la era de los manuales y de los resúmenes, destinados ya sea a servir de base a una exposición escolar oral, o a iniciar a los estudiantes y tal vez al gran público en las doctrinas de un filósofo. Así disponemos, por ejemplo, de un Platón y su doctrina, obra del célebre retórico latino Apuleyo; de una Enseñanza de las doctrinas de Platón, escrita por Alcinoo; de un Resumen (de los dogmas de las diversas escuelas), de Ario Dídimo.”
L’especialista Olga Weijers també coincideix en aquesta reconstrucció:
The teaching of philosophy

pp. 26-27
Dialectic and rhetoric were widely used in the teaching of philosophy between the third century B.C. and the fourth century A.D. This teaching is always directed contra thesim, against a particular position formulated in an affirmative or interrogative way (“A wise man cannot get angry”, “Can a wise man get angry?” etc.). The master develops his teaching on the basis of the thesis, either dialectically or rhetorically. If he chooses dialectical, a dialogue develops between the master and the pupil who had proposed the thesis. The master argues in the form of syllogisms and questions the pupil until the answers lead the pupil necessarily to admit the contrary position. This method is similar to the dialectical disputation. If on the other hand the master chooses to proceed rhetorically, he develops either a single discourse in refutation of the thesis, or he makes two antithetical discourses, one in favour of the thesis and one against it. This second case is argumentation in utramque partem. When proceeding rhetorically, the master argues alone, but the process is similar to the kind of disputation involving two people, which shows that this method of discussion was also part of the teaching of philosophy (Hadot 1980, 147-150).
From the first century A.D onwards, the teaching of philosophy was modified in all the schools (Platonists, Aristotelians and Stoics), because a central part of the teaching now consisted in the reading and explanation of the principal texts of the founders of the school. Generally, the commentary took the form of zetemata, inquiries or questions, and could thus be described as a kind of dialogue between the interpreter and the text. But after this explication of the text the pupils could raise questions and here the old practice of questions and answers continued. For instance, Plotinus, after expounding Platonic and Aristotelian texts during his lectures, invited his audience to question him. In doing so, he applied the dialectical method, even if, as Porphyry tells us, some of his listeners asked for a continuous speech on general questions, in the rhetorical way (Hadot 1980, 153).
